21/10/08



Al poeta le atrae de la oficina no solo el salario fijo, sino la posibilidad de ocultarse, de preservarse, de esconderse de las miradas de la sociedad; el de funcionario es un disfraz perfecto de persona inofensiva, una manera de pasar inadvertido. Y al funcionario le atrae del poeta su capacidad de romper con el mundo jerarquizado en el que pasa de estar sometido, a un jefe, a unos horarios, a ser dios que crea sus propias criaturas.Es, tal vez, la manera más sublime de rebelarse ante la sumisión.



Bibliotecas perdidas.(En horas de oficina) J. Marchamalo

No hay comentarios: